Situémonos en el tiempo sólo un año atrás. Allá por el otoño de 2019 se venía hablando del teletrabajo como una medida muy interesante que podría permitir la conciliación entre la vida laboral y personal de los trabajadores.

Sólo muy pocas empresas lo tenían instaurado para el total de su plantilla, algunas más hacían un uso parcial de esta medida y la mayoría lo seguían viendo con mucha reticencia.

La mayor parte de directivos la veían con reticencia, creyendo que podría conducir a un descenso de la productividad de sus empleados, que al no sentirse controlados, dedicarían su tiempo a cualquier actividad menos a trabajar.

Al otro lado, muchos profesionales la veían como la solución ideal para cubrir sus necesidades familiares y la anhelaban con ahínco.
La pandemia del COVID-19 forzó a todas las empresas que técnicamente tuvieron la posibilidad, a mandar a la mayor parte o el total de sus plantillas a trabajar desde sus domicilios. ¿Cómo se ven las cosas una vez se ha experimentado el teletrabajo por fuerza mayor?

La experiencia de los directivos

El coronavirus les dejó sin elección: si no se implantaba el teletrabajo, se veían obligados a cesar la actividad durante varias semanas o se forzaba a los trabajadores a asumir riesgos para su salud.
Evidentemente, las empresas donde una buena parte de su actividad debía desarrollarse de forma presencial (como industria, construcción, comercio, etc.) no había muchas opciones para el personal que tenía estas funciones.
Sí fue una opción para departamentos como administración, comercial, marketing, ingeniería, etc. que desarrollan su jornada principalmente frente a un ordenador.

 

Las ventajas observadas desde el punto de vista de la empresa fueron:

  • Mejora de la productividad media: la reducción en las reuniones y las interrupciones condujo a un mejor aprovechamiento del tiempo
  • Aumento de la motivación de los empleados: se percibió una confianza vs control, así como una auto-gestión del tiempo de trabajo
  • Mayor flexibilidad de los empleados: en lugar de cumplir con horarios más o menos fijos, se podían adaptar mejor a las cargas de trabajo y trabajar más o menos en función de las necesidades

Al otro lado, también se enfrentaron a algunos retos:

  • Dificultades técnicas para mantener la actividad normal: necesidad de adquirir los medios informáticos, problemas de conectividad, desconocimiento de las herramientas
  • Menor intercambio de ideas en empresas donde la creatividad es un factor relevante
  • Mayor necesidad de coordinación y motivación para mantener la cohesión de los equipos

Creo que la mayor parte de directivos valoraron la experiencia de forma positiva frente a sus reticencias iniciales. Incluso algunos se plantean o están proyectando reducir costes mediante una implantación generalizada del teletrabajo incluso una vez se supere la pandemia. Muchos ven una implantación parcial de este sistema como una solución que potencie las ventajas y reduzca los inconvenientes.

El punto de vista de los trabajadores

La mayor parte de los trabajadores que por sus funciones tuvieron la posibilidad de teletrabajar, fueron enviados a sus casas con ordenadores portátiles bajo el brazo. ¡Por fin podían experimentar esa medida que tanto habían deseado!

Pero, ¿fue todo tan idílico como se lo habían imaginado?

Aspectos valorados favorablemente:

  • Gran ahorro de tiempo y gastos de desplazamiento: la ausencia de desplazamientos y retenciones de tráfico hizo que sintieran que ganaban tiempo para su vida personal. En ocasiones son varias horas diarias
  • Incluso muchos ganaron en tranquilidad y horas de sueño: Se podían levantar y, sin ni siquiera acicalarse demasiado, podían estar trabajando sin el stress por llegar a tiempo a sus escritorios
  • Compaginación con su vida personal: se podía atender mejor las necesidades de sus hijos, padres, hermanos, etc.
  • Flexibilidad horaria: se podían organizar el tiempo sin el marco fijo de un horario que se debía cumplir fueran cuales fueran las circunstancias

También observaron algunas cosas no tan positivas:

  • Incomodidades derivadas de no tener sus domicilios preparados para teletrabajar: los medios no eran los mismos que en sus oficinas. Muchos trabajaron en la mesa del comedor, con sillas incómodas para jornadas de trabajo completas, con las pequeñas pantallas y teclados de los ordenadores portátiles, sin la iluminación ni la temperatura adecuadas, sin las potentes impresoras del centro de trabajo, la peor conectividad a Internet, etc.
  • La vida familiar no fue tan sencilla: toda la familia en casa, los mayores teletrabajando y pugnando por el mejor espacio, los pequeños con las tareas escolares o sin ellas, provocando constantes interrupciones
  • La ausencia de los compañeros de trabajo y las dificultades en la comunicación con ellos, lo cual generaba dificultades para coordinarse

En definitiva: el teletrabajo no fue la panacea que esperaban, aunque bien desarrollado y en su medida podría aportar beneficios.

Perspectivas para VSM en España

En nuestro caso, la experiencia no ha diferido mucho de lo que han observado otras empresas. Desde hace muchos años, nuestro equipo comercial viene desarrollando su actividad mediante esta fórmula. Ya quedaron atrás las delegaciones con sus oficinas e instalaciones redundantes, por una cuestión de costes.

Para ellos, la extensión del teletrabajo no ha supuesto una gran diferencia. Para ellos, el mayor cambio lo supusieron las restricciones a la movilidad y las limitaciones de muchos clientes a recibir visitas. Se tuvieron que acostumbrar a las reuniones por vídeo-llamada o al teléfono. Se han redujo la posibilidad de analizar in situ las aplicaciones de los clientes, las pruebas o demostraciones de producto y, obviamente el contacto personal.

Su vida mejoró en cuanto a la reducción de viajes y las pernoctaciones fuera de casa ya sea para reunirse con clientes o para asistir a nuestras oficinas centrales a los encuentros periódicos o formaciones. Su conciliación con la vida familiar era todavía más complicada y la potenciación de las reuniones virtuales les ha supuesto mejorar en este aspecto.

El personal de nuestras oficinas centrales vivió ciertas dificultades tecnológicas iniciales: no disponían de ordenadores portátiles ni espacios de trabajo adecuados, tuvieron problemas de conexión con el software de la empresa, tuvieron que acostumbrarse a no tener los documentos impresos al alcance para revisar pedidos, facturas, etc. con comodidad.

En algunos casos, mientras las escuelas permanecieron cerradas, se encontraron también con el inconveniente de las interrupciones constantes de los niños.

Aparte, a pesar de establecer reuniones regulares, les faltaba el contacto personal y el trabajo en equipo.

De forma general, valoraron positivamente la posibilidad de trabajar desde sus casos. El beneficio era mayor para aquellos que vivían más lejos y/o tenían necesidades familiares que atender.

Otra ventaja para quienes podían trabajar cómodamente y sin interrupciones familares, es la mayor concentración para realizar tareas que las requieran y que el tránsito de personas, las reuniones, las llamadas, etc. no permitían en el mismo grado.

La confianza recibida desde la Dirección les hizo mantener niveles de responsabilidad iguales o mayores que los altos grados asumidos cuando realizaban el trabajo presencialmente.

Desde la Dirección se valora positivamente la experiencia. En general se han visto que, pese a algunas incomodidades, el personal ha desarrollado su trabajo con la misma eficiencia habitual.

En ocasiones se ha percibido una cierta pérdida comunicativa y las ventajas del trabajo en grupo, que suelen enriquecer cualquier proyecto.

En definitiva: una vez se supere esta pandemia, la fórmula más interesante podrá ser la que combine las ventajas del trabajo presencial con las del teletrabajo.  Un teletrabajo flexible durante una parte de la jornada permitirá una buena conciliación, la realización de tareas de alta concentración a la vez que se mantiene la cohesión de los equipos y las actividades presenciales.

Autor: Blog VSMabrasives

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